Economía para todos 04-03-2009
17'57'' Antes de los comerciales, podemos ver a Carmen enredando un poco al señor Raga.
28'50'' El profesor Raga explica un poco más la cosa del IVA. Sigo sin tragar.
Se vuelve a quedar corto el programa.
Es una lástima, justo cuando empezaban a entrar en calor.
Crónica al modo taurino de la tertulia.
Primera tarde de toros del mes en curso.
El diestro Rotellar estuvo muy lucido en sus comentarios. Por su parte, José Raga, 'Er profesó', ha demostrado que sigue estando en condiciones para la lidia de altura.
A pesar de la fría tarde, los pocos aficionados que se congregaron a ver el festejo pidieron insistentemente a la Presidencia la vuelta al ruedo de los cornúpetas, pero el Regidor dijo que había prisa y hubo que acabar pronto la corrida.
Como dijo no sé quién, llegará un día en que la incremento del paro sea nulo, pues ya no quedará nadie a quien despedir. Harían bien los de LD en comentar las malas condiciones en que los ERES dejan a muchos trabajadores, a veces peores condiciones que un despido más barato, que podría permitir al trabajador encontrar trabajo más rápidamente y sin perder tanto dinero como pierden los días que no trabajan. En suma: es peor el semidespido que el despido.
Por otra parte, muchos dirán aquello de “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Y yo digo que las pajaritas de papel no tienen alimento, y que las hipotecas están en edad de crecimiento ¿Acaso queremos que nuestras hipotecas sean una generación de canijos cuando lleguen a los dieciocho? Hasta ahí podíamos llegar. Con la educación y la comida de nuestras hipotecas no se juega, señor mío.
Y así, sucesivamente.
Salud
jueves, 5 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Lo peor de Economía para todos: la publicidad de la Caixa.
ResponderEliminarA lo mejor puedes dedicarle una entrada a "el que resiste gana"? No lo he leído todavía, pero la próxima vez que vaya a España me lo compro (asumiendo que no sea verdad eso que ha dicho Dieter un par de veces de que está agotado).
Seguiré el blog con interés.
Anoche, como tenía mucha hambre, me cené una lata de fabada Litoral. No sé para cuantas personas estaba diseñada la lata, supongo que para una familia medianamente numerosa, pero tenía tanta hambre que me la zampé entera. Con pan y agua.
ResponderEliminarDespués de fregar el cacharro de barro donde la emplaté, y la cuchara, me tendí en el sofá de mi salón a digerir y eructar. Puse la tele.
Ahora que tengo tdt en casa, veo muchos canales. En uno de ellos estaban poniendo una película de los sesenta de ciencia ficción, doblada en sudamericano. Al cabo de unos cuantos eructos me aburrí y me puse a hacer zapin. Entonces empezó el desfile de tertulias. Había canales con tertulias de inclinación progresista, otras de inclinación neoliberal, otras que no sé para dónde se inclinaban y muchas determinadamente anodinas.
No suelo ver muchas tertulias en la tele –ni escucharlas en la radio-, pero la fabada Litoral paralizó mis pulgar diestro –el de hacer zapin- y me quedé plantado en una de aquellas tertulias tan apasionantes, con los ojos muy abiertos. A ver si me acuerdo de todo aquello y puedo contarlo.
Estaba hablando una señora o señorita llamada Carmen Tomás, y discutía no se qué que había dicho Zapatero. Otro señor o señorito, llamado no se qué Carmona, que estaba sentado al otro lado del presentador, refutaba a Carmen Tomás y le decía y explicaba que lo que había dicho Zapatero estaba muy bien dicho y que si lo decía es que era así y todo eso. En esto aparece un señor por el fondo llenando copas de vino y diciendo que el vino tiene complejidad y aroma de frutas confitadas. Está sirviendo los vinos hasta que llega al sitio de –a este sí le conozco- Iñaki Gabilondo. Entonces Iñaki Gabilondo dice que no quiere vino y le echa una perorata al pobre sumiller, sin venir a cuento alguno. Al cabo de esto, otro tertuliano, que se llama no se qué De Diego, se pone en pié y empieza a llamar parásito a un invitado de la tertulia, que es el del PP que se presenta por Galicia para líder de la Generalitat Gallega. Javier Nar, que andaba por allí, se pone a hacer el mártir, pero se bebe su copa de vino.
En medio de este cafarnaún tertuliesco se me escapa un eructo tremendo –noté como retumbaba el sofá- y, sorpresivamente, todos los tertulianos se callaron. La cámara enfocaba a Carmen Tomás, que me miraba con una cara muy extraña. Empecé a ponerme nervioso, así que decidí cambiar a otro canal. Cambié y había otra tertulia. El presentador era uno que ahora no me acuerdo como se llama, pero que antes presentaba telediarios. También estaba por ahí el subdirector de un periódico catalán de línea progresista, y una señora muy tiesa y muy digna que era subdirectora de algo de El País y parecía cabreada. Y Casimiro Badillo. El caso es que no me enteraba muy bien de esta tertulia y procuré prestar algo de atención. En esas estaba cuando por un extremo de la pantalla veo que, en el programa y tertulia, sin ser invitada, se cuela Carmen Tomás. Entraba mirando fijamente a la cámara, o sea, a mí. Y detrás de la Tomás entraron también en la tertulia, en fila india, el Gabilondo, Nar, Carmona, De Diego, un tal Quevedo –éste iba cantando a berridos destemplados, con una guitarra, una canción de Los Secretos-, Isabel San Sebastián, el Gato Gourmet, Maria Antonia Iglesias, una tal Gurruchaga con el pelo muy largo dando sacudidas con la cabeza de un lado a otro para ordenarse el flequillo y una nutrida tropa de tertulianos que conozco de verlos disgregados por la tdt, pero no me sé sus nombres.
Entonces Carmen Tomás le dijo algo al oído a Casimiro Badillo, quien hizo señas a los demás para que callaran. Todos callaron y me miraron amenazadoramente. Parecía como si me vieran realmente. “¡Qué tontería!”- pensé para mis adentros-. Pero tuve miedo. Y el miedo dio paso al terror cuando veo que Carmen Tomás coge impulso y de un brinco rompe la pantalla de la tele y se planta en mitad de mi salón. Y le siguieron uno tras otro todos los tertulianos que en la tele han sido. Carmen Tomás lo primero que dice es: -“Vaya birria de casa. Yo hubiera puesto otras cortinas, esas son espeluznantes”-
Yo intento ponerme de pié y huir, pero no puedo moverme. Estoy preso por extrañas fuerzas. Con la mirada sigo a Casimiro Badillo, que se lanza sobre mi chaqueta –la tenía tirada en un sillón-, hurga los bolsillos nerviosamente y encuentra mi cartera. Ve que tengo un billete de veinte euros, lo coge, los aprieta con su puño e histérico me grita: -“¡Te lo advierto! ¡Ten cuidado con estos veinte euros! ¡Guárdalos bien! ¡O te los quitará Botín! ¡Si sí sí! ¡Te los quitará si los ve y se los dará a los Lehman Brothers!”- Y soltó una risa maléfica de pirado.
Yo empezaba a temblar por el miedo. Entonces veo a Iñaki Gabilondo en el otro extremo del salón. Está junto a mi nutrida colección de cedés de música clásica. Observa los discos con cara de satisfacción, hablando en voz baja, como para sí: - “mmm … buena versión … ajá …. no está mal … Beethoven por Szell, buena versión …”- Y entonces repara en las sacrosantas cantatas de Bach, le cambia la cara y dice lúgubremente: -“Esta colección empieza a desprender cierto tufillo eclesial” Y cuando descubre mis mil versiones de las sinfonías de Bruckner, sus misas, su Te Deum, abiertamente cabreado y amenazador, me acusa: - “¡Tu estás con los Obispos!” Y pega un terrible grito diabólico.
El miedo me marea. Javier Nar pasea por mi salón con un peine, peinándose la blanca pelambrera, mientras me llena de barro la casa con sus sucias botas de senderismo. Maria Antonia Iglesias no para de llamarme reaccionario involucionista sin saber yo muy bien por qué. Los berridos del tal Quevedo dañan ya mis delicados oídos. De Diego me quita una zapatilla y empieza a darme zapatillazos en la cabeza mientras me grita: -“¡Parásito! ¡Parásito! ¡Parásito!”.
Al quinto zapatillazo me despierto con ganas de vomitar. Voy corriendo al baño y evacuo por la boca una espesa pasta amarillenta con tropezones de morcilla y chorizo. Me lavo la cara. Vuelvo al salón. No hay tertulianos en casa. Tampoco en la tele, que aún seguía encendida –y en ella aparecía una rubia muy saludable, con tripita de tableta de chocolate, que hacía musculines en una máquina fabulosa que te vendían si llamabas a un teléfono que figuraba en pantalla-.
Me quedé mareado, fatigado, tumbado en mi sofá … Decidí no volver a cenar latas de fabada de tamaño familia numerosa, ni ver más tertulias. Da fastidio ver a toda esta gente que se pasea por los canales dándonos su opinión de todo. Era mejor ver a la rubia fibrosa flexionándose ágilmente en esa máquina fabulosa. Sí. Mírala. Pero me entra sueño. Quiero apagar la tele e irme a la cama, pero el dedo de hacer zapin y apagar la tele se me ha vuelto a quedar paralizado. No me puedo mover otra vez. Ay ay ay. La rubia fibrosa ha parado la máquina fabulosa. Me mira fijamente. Esta vez no he eructado, pero me mira y sonríe. Coge impulso y …. ¡Zas! … ¡Se planta en mi salón!
Un saludo a todos. Y sí, Carmen Tomás me parece ingeniosa -casi siempre-
www.canecillo.wordpress.com